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Dios deja los diluvios y Noé se da a la bebida


Después de la broma de inundar el mundo y matar a todo bicho viviente con una de las muertas más horribles que imaginarse uno pueda, Dios decide que "se ha pasado cuatro pueblos" y le dice a Noé que no lo va a hacer más y que en señal de eso, levantará un arco de colorines cada vez que termine la lluvia para que el personal sepa que esta vez, sí "sólo serán cuatro gotas" y que tras la tempestad llega la calma.

Gén 9:12-15 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne. 
En cuanto a los interesados, aparte de darles dominio sobre todo lo que se mueve, les exhorta a fructificar y multiplicarse para repoblar la tierra (cosa a la que, a tenor del capítulo siguiente se dedicaron con entusiasmo y eficacia).
Gén 9:1 Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra.
Así como algunas advertencias, como la de no comer carne bien desangrada (nada de chuletones poco hechos):
Gén 9:4 Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.
O la de no matarse entre ellos, que suena razonable:
Gén 9:6 El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
Así que Dios parece quedarse satisfecho de que Noé y familia le hiciesen caso y estos muy aliviados de haber sobrevivido al chaparrón y saber que no iba a repetirse la historia.

El capítulo acaba con un episodio un poco extraño. Noé planta una viña, la cultiva, vendimia, hace vino y se agarra un cogorza, la cual duerme en pelota picada en su tienda (todo esto en poco más de dos versículos).
Gén 9:20 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda. 
El caso es que su hijo Cam, por lo visto el más joven y que el texto se encarga en resaltar que era el padre de Canaán, lo descubre, le ve las vergüenzas, se lo dice a sus hermanos y éstos le tapan con alguna ropa, pero sin mirar, no fuera a ser. Y el caso es que fue:
Gén 9:22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre. 
Que, pensándolo bien, qué diferencia habrá entre haber visto y no mirar pero sí saber que el padre estaba desnudo.

Como resultado, cuando Noé se despierta y se entera de la movida (se supone que con una resaca del quince, a juzgar por la mala uva) Cam se gana un bronca y una maldición de esas eternas, pero en la persona de su hijo:
Gén: 9:25 y dijo [Noé]: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. 
Y esto no deja de resultar bastante arbitrario a mi entender. Supongo que había que buscar una excusa para explicar la suerte de Canaán en la historia bíblica.

En fin, el caso es que el capítulo 9 de Génesis acaba así de bien, para dejar paso al capítulo 10 donde se da una genealogía de los descendientes de Noé a través de sus tres hijos.
Gén: 10:1 Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio. 
Lo interesante es que aquí el propio texto bíblico ya empieza a considerar no tanto las personas como los pueblos (o tribus) y cómo éstos se distribuían en el territorio. También hay que destacar la línea genealógica que nos va a llevar de Noé y Sem a Abram, cuya conexión se detallará en el capítulo 11, después de una edificante y conocida historia sobre una torre y un montón de idiomas raros.

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